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Isabel Sanchéz – Los bellos habitantes

Texto: Beatríz Ortíz / Fotografía: Dalí Nelio

Al momento de su descubrimiento, la elaboración de objetos de cerámica tuvo un carácter meramente ceremonial y posteriormente también utilitario; los primeros hallazgos son estatuillas animales y humanas que datan aproximadamente del año 24.000 a.C.; 10.000 años más tarde y después de pruebas y errores, se comienzan a producir objetos utilitarios como vasijas para conservar agua o comida y ladrillos para construir viviendas.

Se pasó de lo ceremonial a lo utilitario sin dejar de lado lo primero, pues hasta nuestros días tanto los ídolos en los templos, los objetos de arte y las vajillas fusionan su forma de uso: hay vajillas que se usan para decorar paredes y hasta en las cuales se plasma la forma de una virgen o el niño jesús; vajillas meramente bellas que se usan o no para depositar en ellas alimentos, hay quienes guardan con celo esa vajilla heredada por la abuela sin usarla jamas o se usa para un día extremadamente especial; muchas veces lo útil y lo ceremonial se unen para conmemorar, para crear memorias y para dar simbolismo a ocasiones que quedan en la memoria para siempre.

Dadas las propiedades de la porcelana, la loza y el barro como son su moldeabilidad y resistencia, ha sido un material favorito por el ser humano para hacer su vida más fácil, bella y habitable en el mundo, según sea el caso. Hay algo místico y mágico en la elaboración de piezas de cerámica: desde la unión de esos dos elementos sin los cuales no existiría el objeto del uno sin el otro, el resultado incierto, el trabajo que conlleva crear una pieza, moldearla, invertirle tiempo y que sea probable que el fuego la destruya. Es un trabajo lleno de analogías y de energía.

Isabel Sánchez Salgado nace en Etla, Oaxaca, en el año de 1982. Su formación artística tiene lugar en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, La Esmeralda; después de experimentar con las diversas formas de hacer arte, pasando desde el dibujo hasta gráfica y bordado, decide que sus elementos predilectos son la tierra y el fuego, teniendo ya más de diez años trabajando de esta forma.

Pulcros cráneos blancos son el hábitat de verdes plantas de distintas especies; de repente te topas con un corazón gigante que probablemente todavía late y bombea sangre; niños, animales, quimeras, plantas, la muerte, un niño, una serpiente: un trabajo lleno de sueños y pesadillas.

La niñez y el juego son conceptos clave en el trabajo de Isabel y la forma en la que por medio de esa inocencia se transmiten sus ideas es sutil, delicada, llena de significado. En su propuesta más actual habla de la libertad y de la migración, así como de cuentos fantásticos como Alicia en el País de las Maravillas o El Principito. De repente una niña se asoma desde una coraza majestuosa de caracol bellamente moldeada y entintada con un tono azul, técnica que no se domina tan fácilmente sin aprender tal técnica desde las enseñanzas de su creador mismo.

Por otro lado y con un gran contraste, las demás piezas apelan a la oscuridad y lo místico: bustos con expresiones faciales fuertes que son cómplices en su estructura con animales como pulpos, osos o gallos, que de repente no sabemos si los acompañan como mero adorno o también los hacen sufrir. Un cerdo regordete que fue cocinado y yace sobre una cama de tomates y lechugas, y ahora es útil como salero, esta es peculiar: realmente piensas que solamente es una bella pieza decorativa hasta que lo levantas y aparece la sal, y me parece justamente que la belleza de lo útil reside en esa sutileza; un niño pulpo que nada en un pulcro plato y que está al mismo tiempo a punto de convertirse en el festín de alguien. Otra niña que fue presa de un hechizo y ahora vive con el cuerpo de una serpiente, colocada en un vetusto mueble que resalta magníficamente la pieza y la vuelve su hábitat.

Una serpiente en un plato con tanta estética que en definitiva adornaría mi mesa en una bella cena llena de exquisitos manjares. Las pipas: ese objeto utilitario que fue uno de los primeros que Isabel moldeó y vendió a sus amistades y conocidos, bellas piezas pequeñas útiles pero también embellecedoras del espacio; Isabel ha tomado rumbo trabajando varias de sus piezas en base a lo que le piden los clientes, tomando en cuenta sus necesidades pero siempre trasladándolas al campo del arte y aplicando su estética, pensando siempre en cómo luciría esa pieza, que sea útil pero al mismo tiempo se impregne de un carácter fuerte, que habite un lugar dominando el espacio.

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