Monte análogo / Emilia Sandoval

Texto: Guillermo Santos Registro de Obra: Emilia Sandoval

Los trabajos de Emilia Sandoval (Chihuahua, México, 1975) nos dan una cierta noción de la búsqueda que se da en los escritos e ilustraciones de
los viajeros naturalistas. Sólo que Emilia lo hace de modo más personal y particular: como si, al mismo tiempo de buscar y rebuscar en la
geografía, estuviese explorando un territorio vasto e interior: el de las memorias, sueños e imágenes que habitan en su mente.


Pasa esto un poco también con su última serie: Monte análogo, una exposición basada en una novela de culto del mismo nombre escrita por
René Daumal entre 1939 y 1944 para luego ser publicada de manera póstuma en París en 1952. La novela nos habla del viaje que emprenden un
grupo de visionarios en busca de un monte que nadie ha visto pero que, extraídas las conclusiones de la lógica no euclidiana, existe en alguna
parte del mundo. ¿Qué hay que hacer para hallar este lugar que contraviene las leyes de la naturaleza? Ese lugar casi invisible. Caminar, reunirse y caminar, y buscar y no dejar de caminar.


Es algo similar a lo que ocurre con una obra artística. El creador busca concretar una visión del mundo a través de objetos que no estaban antes
allí. Acaso la búsqueda constante de indicios y su reunión vayan creando un perfil de obra, un mapa. Esa es una de las constantes en el trabajo de
Emilia Sandoval, la construcción de elementos que desembocarán en una cartografía peculiar. Monte análogo es la metáfora de una búsqueda
particular: nadie sabe adónde llegará ni si en realidad eso que se busca existe. Sin embargo, no puede dejar de hacerlo, de crear. Lo que va
dejando en el camino son como postales de un viaje vital. Podemos tomar cada obra de Monte análogo como un cuaderno de viaje.


Emilia Sandoval busca una síntesis, una serie de objetos o formas que pudiesen hablarnos de la naturaleza, la vida íntima, los objetos que el
hombre fabrica, pero de modo elemental. La palabra elemental, que también podría sugerir una metáfora del trabajo de Emilia, puede
plantearse porque en cada pieza se oculta una totalidad: el signo de una unidad básica… tal como los puntos recortados de imágenes y postales,
las pequeñas montañas, los trazos del hilo, las fibras de palma, las imágenes de pies, las líneas de sus recorridos apenas marcadas sobre el papel blanco: cada elemento como un fragmento sutil, que nos indica una realidad oculta y más compleja detrás. Emilia Sandoval quiere ir a lo
elemental, y lo hace reuniendo y coleccionando materiales, hurgando, buscando una y otra vez toda clase de objetos complejos que, al final,
desembocan en piezas que nos dan la idea de que existe en ellas algo “orgánico y elemental”.


MONTE ANÁLOGO

The art of Emilia Sandoval (Chihuahua, Mexico, 1975) gives us a certain notion of the exploration undertaken by traveling naturalists. Moreover,
Emilia seems to explore in an altogether more personal and singular manner; as if while searching over a geographical domain, she were also
exploring a vast, inner territory: one teeming with the memories, dreams and images that inhabit her mind.


This happens here too, in Mount Analogue, her latest series. An exhibition based on the cult novel of the same name written by René Daumal
between 1939 and 1944, to be published posthumously in Paris in 1952. The novel tells of the journey taken by a group of visionaries searching
for a mountain that nobody has ever seen but that, according to non-Euclidian logic, exists somewhere in the world. How can one find a place
that goes against all known laws of nature? An almost invisible place? Walk, gather, walk some more, explore . . . never stop walking.


This is a similar process to that of a work of art. The creator looks to realize a vision of the world through objects that weren’t there before.
Perhaps the constant search for, and the collecting of, indicators create a work’s profile, they map it. That is one of the constant themes found in
Emilia Sandoval’s work: the construction of elements that results in a most singular cartography. Mount Analogue is the metaphor for this wholly
particular exploration—nobody knows where they’ll end up nor if what they’re looking for even exists. However, she cannot stop doing it, cannot
stop creating. That which she continues to leave along the way are postcards of a vital journey. We can treat each work in Mount Analogue as a
travelogue.


Emilia Sandoval is looking for an overview, a series of objects that could tell us about nature, sentimentality, the objects man creates, but in an
elementary way. The word ‘elementary’ also suggests a metaphor for Emilia’s work and should be considered because every piece hides a
totality and decries the presence of a basic unit . . . just like the cropped extremes of images and postcards, the tiny mountains, the traces of
thread, the palm fibers, the pictures of feet, the paths she takes but barely etches upon the paper—every element acts as a subtle fragment, an
indicator of a hidden and more complicated reality that lurks behind it. Emilia Sandoval wants to go towards the elementary and she does it by
gathering and collecting materials, rummaging, searching over and over again for all kinds of complex objects that, in the end, result in works
that give us the idea that within them something “organic” and “elementary” exists.


Guillermo Santos

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