Oaxaca es un IDILIO, una tierra bella, compleja y diversa.

Reflexiones pandémicas

Por Mariana Castillo (@marviajaycome)

A veces pienso que no hay una amenaza allá afuera, que no existe el COVID- 19. Ciertos días en la vigilia me confundo y me digo a mí misma que esto seguro es un mal sueño…

…que al despertar no estaremos angustiados por perder alguien amado y que ya no tendremos que lavarnos las manos tantas veces o sentirnos con síntomas cada cinco minutos. Tampoco habrá que lavar cada alimento y artículo de la compra hogareña al ir al mercado ni estaremos paranoicos por habernos tocado la cara o por que alguien tose o estornude.

Se sabe de sobra que la muerte nace con nosotros: la llevamos a cuestas. Pero, la posibilidad de dejar de existir a causa del coronavirus es un hecho apocalíptico, dantesco e histórico. Que uno se quede sin poder despedirse de alguien, aterra. Que la gente muera en soledad, duele. Que el futuro parezca incierto, abruma. Y sí, esto que nos sucede en común provoca desde miedo, hasta desinterés y desconfianza.

El encierro tiene connotaciones distintas que evidencian la desigualdad en México, Oaxaca y el mundo entero: hay quienes lo viven en la comodidad de sus hogares y están aquellos para quienes la incertidumbre es habitual y que no pueden quedarse en casa porque viven al día o trabajan en sectores como el médico y el del abasto de alimentos (o porque tienen patrones que no creen en los derechos laborales justos o que no tienen sentido común ante una emergencia).

Existe un cliché común en ciertos sectores sociales de que, quienes nos dedicamos a oficios como la escritura, la fotografía, la música, la pintura o cualquier otra manifestación creativa, somos vagos, hippies, desobligados, desordenados y un sinfín de prejuicios relacionados con las artes. No existen realidades dicotómicas ni generalidades y hay creadores que vivimos de lleno de nuestra labor, con diferentes dinámicas a las de otras profesiones, pero con su propia disciplina.

Este contexto ya provoca reflexiones que marcan y marcarán su creación y devenir, no solo para quienes se dedican a ellas sino para quienes encontramos aliciente y medicina en el mundo de lo sensible, lo bello y lo verdadero.

Y aunque el panorama sea desalentador, estoy convencida de que esta pandemia dará pie a que haya mensajes de reflexión, de cambio y de una búsqueda por aprender y aprehender rumbos que puedan virar hacia otras soluciones y direcciones, a raíz de esta circunstancia atípica y caótica.

Tal vez al leer esto encuentres que puedes poner en común sensaciones que tú tienes o al revés, con las que no estás de acuerdo. De eso se trata: de ser capaces de generar esa mayeútica, de ese encuentro en el que se dan a luz diversas ideas e impresiones ante algo inesperado. Cualquiera que sea el caso, leernos, escucharnos y dialogar entre nosotros nos permitirá sentirnos en compañía en una circunstancia como esta, que nadie pidió o esperaba, pero que puede generar modelos alternos de pensar y de continuar.

Ivonne Kennedy: la de la mirada extraviada

Para esta pintora oaxaqueña la vida antes del virus es un lugar a donde ya no retornaremos jamás. Esto la está cambiando. De forma recurrente se pregunta así misma para qué hace lo que hace y la forma en la que lo realiza. “El arte me ayuda a verme y a descubrir partes de mí. Es hasta que trabajo y veo una obra que noto lo que esto me puede mostrar y es importante para mis procesos mentales. Me gusta digerir lo que me sucede”, añade.

Ivonne piensa que son tiempos extraños, pero confía en que, como sociedad, sabremos adaptarnos a lo que sea que venga. Y aunque todavía haya mucha incertidumbre, piensa que la inteligencia social saldrá a flote con valores como la generosidad, la solidaridad, la prudencia, y la paciencia. Considera que serán tiempos de alianzas y que será necesario pensar en estrategias alternas para sortear el golpe económico que es inminente.


Ella tuvo que dejar su galería y mudarla a su casa que es a la vez su taller. También está incursionando en medios digitales y proyectos colaborativos en México y en Europa, tanto de venta en línea como para dar a conocer su obra. Uno de ellos es el diseño de su página y otro más es Sin Galería, que desde 2019 es una plataforma que tiene como objetivo acercar a los creadores con el público fuera de los espacios físicos. Ikal, a su vez, es una iniciativa de Karla Sánchez Cordero, quien busca generar sinergia entre artistas independientes, coleccionistas, galerías y espectadores en Bruselas.

Incluso, está haciendo sus propios videos y material para redes. Eso sí: todo a su ritmo, sin presiones. Ya de por sí es estresante lo que actualmente sucede y quiere seguir animada y contagiarle eso a los demás. No quiere decaer ni dejarse arrastrar por emociones negativas en esta especie de experimento humano de aislamiento que nos pone a prueba, pues necesitamos a nuestros afectos cerca.

“El consumo de arte sigue siendo importante. No tiene que quedarse hasta el final en orden de prioridad. Habrá quien pueda seguir invirtiendo en él, además de que es una forma de paliar la cuestión emocional. Estamos afectados anímicamente y es cuando más tenemos que promover el arte y la creatividad entre todos nosotros”,

dice convencida. Para ella, el arte, la poesía y la música elevan y mejoran nuestra calidad de vida, la vuelven más gozosa y plena.

Aunque viaja de manera constante, el encierro no es algo nuevo para ella ya que puede pasar meses enfocada en su creación y salir lo menos posible. En estos momentos agradece el hecho de que su agenda no esté llena de compromisos sociales y eventos para estar actualizada, aunque confiesa que de lo que más extraña es salir a comer o beber algo acompañada, pero disfruta mucho estar en su casa y reconoce que le viene bien este descanso obligado que la lleva a la reflexión y hasta a explorar con nuevos materiales y temáticas.

El papel y técnicas a base de agua como la tinta china, la acuarela y el collage no son lo que usualmente utiliza, pero considera que son más amables, nobles, menos pesados y sobre todo, lúdicos. Se siente poco relajada: la situación no es fácil y hay que respetarla y esto le está ayudando a conocerse ante ellos. Además, la accesibilidad económica de estos materiales le permite acceder a compradores que no quieren o pueden pagar miles de pesos y que son parte de un mercado diferente.


Cuando todo esto pase quisiera moverse menos y concentrarse más, alargar este estado. No quiere salir a entregarse al mundo y sus ajetreos sino aprender y encontrar un estado de paz que es benévolo e interesante: poder dejar la presión de lado y estar meditativa le funciona. Quiere ir por aquel ramen pendiente que no pudo comer porque llegó el “Quédate en casa”, desea seguir viendo a la ciudad de Oaxaca tan vacía y limpia como cuando era niña, como antes del boom y de las hordas de turistas por todas partes cuando se respiraban otros aires sin caos.

Foto: Cortesía

Esta metáfora de las ciudades vacías es algo que le recuerda su propia obra y ha sido uno de sus motivos recurrentes, pero ahora que ha estado encerrada, pinta más personas. Los necesita y se conecta con los rostros y las personalidades que están escondidas en ellos. “Si quiero saber como es una persona, lo dibujo. Es como si les tomara una radiografía emocional. Antes de que esto empezara, acababa de hacer un cuadro y tiene rasgos míos, parece que es mi parienta”, narra. Seguramente, la característica que Ivonne encontraría de ella en una de estas pinturas sería la mirada extraviada. Esto lo haría con esa sonrisa contagiosa que la caracteriza, mientras quizá pensaría en beberse un mezcal en alguna terraza al aire libre.

Facebook: Ivonne Kennedy pintora


Aarón Cruz: ese bajo silencio

Tocar el bajo es una postura ante la vida y el oficio. Aarón dice que eligió tocar este instrumento que nadie escucha, que a nadie le importa y que está relegado a la zona obscura de la música, lo cual le encanta. Su afán no es protagónico aunque destaca por su experiencia, talento y “duende”. Él observa, espera, escucha y si tiene algo que decir, lo hace, claro, preciso y cercano. Busca la atención y la calma ante lo acelerado del ritmo en el que estábamos inmersos.

Fotografía: Jesús Cornejo

A inicios de marzo se encontraba de gira por Alemania con A Love Electric, uno de los proyectos en los que participa. Apenas se hablaba del coronabicho en México, pero de aquel lado del mundo ya había esa sensación de temor colectivo. Aarón no cedió al pánico: considera que hay momentos en los que solo se deben tomar decisiones, grupales, individuales y hasta sociales. Como músico independiente, la incertidumbre es habitual y con lo que se aprende a vivir: no se sabe de dónde vendrá el siguiente trabajo o qué se hará para solventar el siguiente mes.

Después de quedarse algunos días con amigos que los hospedaron, de tocar ante gente emocionada que nunca los había escuchado, de la cancelación de algunas fechas, de abordar trenes vacíos en los que ni siquiera les pidieron boletos y de volar justo el día en el que cerrarían las fronteras, pudo llegar a su natal Ciudad de México, en conjunto con sus compañeros Todd Clouser y Hernan Hecht. Se encerró en su hogar en la colonia Portales con su pareja, la poeta Guadalupe Galván, quien a su vez, se encontraba buscando su regreso de Japón. Ambos sabían que podían ser portadores debido a sus travesías en el extranjero, pero por fortuna, no fue así.

Él está disfrutando este confinamiento voluntario le gusta su hogar, su luz y la posibilidad de estar consigo mismo, su oficio, sus pensamientos y sus búsquedas. Aunque suele viajar frecuentemente, este no ha sido un cambio radical, pero sí una situación forzada que lo lleva a cavilaciones profundas, a frenar, a compartir dudas, pero también a apreciar lo más básico: hay que cocinar, lavar los trastes, limpiar cada recoveco, recoger la basura y un sinfín de rutinas que son parte de ese trabajo brutal que se necesita a fin de mantener una casa. La gente del campo, quien creció con la naturaleza, lo sabe, y a veces, las ínfulas artísticas hacen que se pase por alto el valor de esas actividades.

Fotografía: Jesús Cornejo

“Lo que hay que observar es que lo cotidiano no es tan cotidiano pues todos los días son diferentes y hay que encontrarle el sentido a cada uno. La verdad no me da angustia ni tedio. Pienso en que alguien creativo, alguien atento, no tiene chance de aburrirse. Hay miles de cuestionamientos, de cosas que aprender y compartir. No hay que dejarse abrumar por el tedio, por el miedo y por la falta de la creatividad. En el arte hay que compartir verdades, verdades que son efímeras. La música es una disciplina que te confronta muy fuertemente con tu quehacer, con tu mente y uno está lidiando con el maldito dedo que no responde, con la memoria que falla, con este material tan extraño, intangible e híper abstracto que da esperanza, da fuerza, da alegría y muchas cosas que a los seres humanos nos importan”, comparte.

Ante la fiebre de transmisiones en vivo, Aarón hace un llamado a la mesura, la paciencia y la observación. Opina que, aunque estas herramientas tecnológicas funcionan para compartir y buscar la retroalimentación, son extrañas y las define como algo que no es verdadero. Para él, los encuentros con la otredad deben de ser frente a frente porque la energía cambia. Le han pedido clases por internet, él se niega. La posibilidad de ver la respiración, la corporalidad, el esfuerzo físico y el mental es esencial y no debe perderse. También piensa que no hay que compartir basura en ningún sentido, sobre todo ahora que proliferan las noticias falsas, lo mal hecho y la opinología.

“Es interesante esperar a ver qué va a pasar y si de veras vamos a volver a lo de antes. Hay una parte de salir que es lidiar con lo terrible: el tráfico, la impuntualidad y la burocracia. Lidiar con que uno hace su trabajo, pero las instituciones tardan meses en pagarte… Eso ya no puede ser, eso ya no lo quiero más en mi vida. Creo que cada vez que uno salga, de ahora en adelante, debe ser para compartir verdad con la gente que uno ha elegido vivir y con la que uno quiere compartir esos proyectos”, asegura.

Ya no tiene la voluntad de tocar ante personas que se la pasan grabando los conciertos en el celular o hablando sin prestar atención al momento: desea entregarse a aquellos que, con genuina curiosidad y alegría, viven el presente, bailan, gritan y quieren ser parte de la música, pues a esta no la hace el músico sino todos: quienes la escuchan y quienes la ejecutan. No importa si es un gran foro o uno pequeño: apreciaría que hubiera corresponsabilidad de los artistas con el público, así como poder seguir disfrutando de esos ritos como ir al cine, ver un cuadro en vivo, participar en la comensalidad de una mesa y de esas conversaciones e historias que llevan sacrificios detrás.

Fotografia: Alejandra Barragán

Sobre el proceso creativo comenta que cada artista tiene sus ritmos y necesidades, que no hay que correr si no es algo que nazca de la honestidad (mucho menos si solo es para generar likes y aprobación vana). Existe una temporalidad propia y da ejemplos como el de Pablo Picasso, quien no cesó de crear en toda su vida; el de Keith Jarret, a quien admira y quien debido al Síndrome de Fatiga Crónica dejó de tocar por una larga temporada, pero que a su regreso, logró maravillas; y el de su disco “Eco”, el único que ha dirigido como líder en su extensísima trayectoria como intérprete, que este mayo cumple 10 años. Este se gestó en la profunda necesidad de decir algo y se cocinó a fuego lento, con los músicos elegidos. Considera que hasta el mal llamado “no hacer nada” es parte de la exploración y la auto crítica.

Aaarón, quien aprecia el cantar de los pájaros por la mañana y las charlas con su amor, dice que para él no existe mejor soundtrack que el silencio, lo prefiere por encima de todo. En el silencio se encuentran las respuestas, la posibilidad de identificar lo desconocido, tanto de uno mismo como de lo que está pasando. Este ayuda a accionar y responder sin refugiarse en algo ya conocido ni en la nostalgia. Para él, la música sigue un misterio y un placer.

“Parar es algo que debería ser casi obligatorio cada cierto tiempo, el mundo lo necesitaba. Tengo la sensación de que nos hemos acelerado demasiado en muchos sentidos y de manera innecesaria. No es necesario correr tanto, ni gastar tanto, ni consumir tanto, ni tener tanto. Algo está mal y creo que parar nos va a dar lecciones a todos”, finaliza.

Facebook: Aarón Cruz, bajista y contrabajista.

Sanez y el
tiempo – semilla

Fabián Calderón, Sanez, habla pausado, pero sus palabras son poderosas. Es regio, aunque Oaxaca se ha convertido en su casa por largas temporadas. Conoce diferentes comunidades ya que su obra se relaciona con la lengua, los símbolos, la cultura y la comunalidad. Debido a esta crisis, ha tenido que reconfigurar todos sus planes del 2020: llegó a este estado después de una estadía en Tulum. Sin embargo, replantear sus objetivos le viene bien: está reestructurando y repensando los alcances de sus proyectos, entre ellos Ixtle, que es un espacio de residencias y arte comunitario.

Foto: Fabían Calderón

La idea del espacio vacío, le provoca una angustia extraña. Llega a la conclusión de que existe un vértigo que proviene de la velocidad en la que coexistíamos y que no replanteamos hasta ahora que el coronavirus nos hizo detenernos de manera abrupta. Aunque se define como una persona que disfruta su soledad, en esta ocasión la falta de contacto directo le hace apreciar la presencia de los demás, además de confirmar que somos interdependientes. Siente que en este mundo siempre conectado la falta de acompañamiento y empatía se hizo más presente. Considera que es afortunado que aparezcan nuevas formas de colaborar y buscar soluciones. Además, este movimiento inesperado en su rutina le abrió caminos y está desarrollando fotografías y collages con otros creadores como Tony Petate, Enrique León del Monte y Jorge Valleja.

Foto: Fabían Calderón

Sanez ha trabajado diferentes temas relacionados con las etimologías y sus polifacéticos significados. La cal y el agave son dos de sus más recientes exploraciones en instalaciones, murales y hasta objetos y fotografías. Él se acerca a los pobladores de los sitios con los que establece vínculos para comprender y conocer más su identidad y su cultura desde una perspectiva amplia, que integra la tradición y las manifestaciones de las nuevas generaciones: el objetivo es que desde los niños y las niñas hasta los abuelos y las abuelas puedan construir puentes de cooperación y comunicación y abrir puertas para dialogar. Para él, el arte tiene ese papel y no solo habla de la realidad: siempre ha ayudado a sensibilizar y a hacer introducción a temas complejos.

“Pienso que estamos en un momento de cambio muy fuerte que ya se vislumbraba con el movimiento feminista que ya estaba cambiando muchas formas de pensar, de convivir, de roles, de conductas, de relaciones… Ya se veía que las cosas deberían de cambiar y de repente, llegó esto del virus. La realidad siempre intenta distraernos de algún modo, pero siento que a partir de esto la expectativa de la gente y la energía va encaminada a la capacidad de construir un mundo o una nueva sociedad, aunque parezca una idea muy pretenciosa o utópica. Hay gente que no está buscando un mundo resuelto y que sabe que tiene la capacidad de que este pase por su mano y construir lo que se quiere. Viene algo diferente y nos va a marcar a esta generación para toda la vida”, opina.

Él está interesado en la lengua y en desarrollar nuevas formas de ver. “El arte que le interesa es ese que propone otras perspectivas. No me gusta la idea del papel del que ayuda y voy un poco en contra de eso en las comunidades ya que no ha aportado mucho la idea del héroe o el benefactor. Más bien me siento como un alumno y las personas me han aportado mucho y a la vez he enseñado. Me siento traficante de ideas al llevarlas de un lugar a otro”, explica. Más que ir solo a pintar murales, su oficio implica hacer investigación, documentación e instalación alrededor de objetos, de materiales y de artesanos, palenqueros y más.

Foto: Fabían Calderón

Desde la cerámica, hasta los textiles, de los palenques a los tejedores de palma e ixtle, continúa explorando estos entornos y sus significados profundos ya que eso es testimonio de cómo se vive la vida en esos sitios y de cómo interpretan el entorno con discursos que trascienden a lo estético y que entrañan al campo y su relación intrínseca con lo habitual, lo ritual y el legado. Tiene pendiente una pinta en un proyecto educación superior en la sierra que fue diseñado por la comunidad y asesorado por maestros de diferentes sectores de Santa María Yaviche (a la que le llaman la “Zona del rincón”), que es un lugar con mucha apertura. Él llegó con ellos gracias a una asociación de activistas llamada Surco, con quienes tiene relación desde hace ocho años.

Sanez explica con orgullo la pieza que realizaron en el Teuhtli, ubicado al noreste de la sierra de Ajusco-Chichinauhtzin, que divide la zona de Xochimilco de Milpa Alta. Dibujaron una mazorca gigante de 40 metros justo en su centro con líneas de cal. Esta se leía con un dron y el símbolo que representaba es el de Chicomecóalt o Siete serpiente, una deidad vinculada con este grano maravilla y este material que hace posible la nixtamalización, pero que también era fundamental en los frescos prehispánicos. “Esa es la dirección que queremos tomar. Esta intervención surgió a partir de una relación con San Pedro Atocpan donde existe un libro club de doña Carmen, que es una activista y defensora de la educación, que le gusta la poesía y las artes y que tiene 80 años. Su hijo es Fernando Palma, otro gran artista”, agrega.

Foto: Fabían Calderón

Si este artista tuviera que pensar en un símbolo para definir el momento que vivimos este sería el de una semilla. “Es el símbolo de la posibilidad de algo que puede ser pero todavía no lo es. Me parece interesante porque lo relaciono con todo este deseo que tiene la gente de crear nuevo, y al mismo tiempo, que da la responsabilidad de hacerlo, de proponer ideas y entrar en dialogo, de accionar. Hay que sembrar, cuidar, regar, ver como responde. Yo siento que es eso es un tiempo- semilla”, comparte. Esta analogía es hermosa: nada crece al instante. No podemos permitirnos volver a la normalidad. Lo que se siembra brota, da fruto y muere. Todo tiene etapas y estas son graduales. A través de esa época, transitamos.

Instagram: @sanezcrack

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