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Toledo Lee y pinta su “Obra Reciente”

Texto: Gina Mejía / Fotografía: Jalil Olmedo

Desde textos de la literatura universal hasta cuentos de la tradición oral, han influido en la obra de Francisco Toledo (Juchitán, 1940), sus constantes lecturas se ven reflejadas en la muestra “Obra Reciente” que se exhibe en la Bodega Quetzalli.

Toledo durante las últimas tres décadas formó una de las bibliotecas especializadas en arte más importantes de América Latina y se podría asegurar que él es el usuario más asiduo.

Las obras que se muestran en la Bodega Quetzalli son parte de la colaboración que el artista plástico tuvo en la revista Proceso durante 2016 y 2017, tiempo en que quincenalmente entregó la columna “Toledo Lee”.

El artista detalla que comenzó su colaboración por invitación del director de la revista Rafael Rodríguez y en la columna “Toledo Lee”. “Traté de ilustrar textos que he leído y releído con interés y gusto, estos me sugirieron imágenes y son las que verán en la exposición”.

Esta columna la hizo con la idea de que la gente se acercará al acervo bibliográfico de las bibliotecas del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), ya que todos los libros que recomendó en su colaboración quincenal, salieron de ese espacio.

En el texto que acompaña la muestra, Guillermo Santos indica que no podemos evitar pensar que el trabajo de Toledo “Es un diálogo constante con la historia de la literatura y, más aún, con la historia universal. Y que, a veces, forma grietas en esta historia que se pretende sólida, espacios luminosos a través de los cuales crea, imagina, recompone ciertos escenarios y elementos o, sencillamente, les da una nueva existencia”.

Agrega que más bien, “Toledo busca una síntesis original, y como nadie sabe dónde está el origen de las cosas, puede pintar un peine, un zapato, una máquina de coser, y es capaz no sólo de darles a estos objetos novedad, verlos con otros ojos, sino también de colocarlos en un territorio mítico, insospechado”.

En la muestra que se exhibe en Bodega Quetzalli, Santos comenta que el espectador asiste “a la reunión objetos e historias que parecían perdidas o disueltas en nuestra mente”.

Además de la obra plástica de Toledo y las recomendaciones de libros, hay una serie de anécdotas que el artista compartió a lo largo de un año y medio en las páginas de Proceso.

Anécdotas de su infancia, de aquellas historias que le contaba Doña Flor, su madre, de sus tías, de su abuelo el zapatero, de los días en el Sur de Veracruz y la añoranza por el Istmo de Tehuantepec.

En la exposición se puede conocer a Toledo a través de sus lecturas y cómo esta ha relacionado su obra con la literatura.

Santos comenta que quien “posee una biblioteca posee con ello un sistema (o una serie de sistemas que pueden volverse infinitos), un conjunto de ideas en las que el mundo se acomoda, se reúne, se multiplica”.

“El orden que Toledo nos transmite de su biblioteca ideal es una del lector activo, del habitante de una casa que nunca permanece igual. La biblioteca del IAGO resulta ya demasiado amplia para la vida de un solo lector, que puede recorrerla, pero no es capaz de “leerlo todo”. Al parecer, Francisco Toledo se ha empeñado en contradecir esta idea y, como él mismo ha afirmado, más que leer, está siempre releyendo. Es, como se sugiere de ciertos creadores, un buscador de huellas, un coleccionista de fragmentos desperdigados aunque no inconexos”, subraya Santos.

Los lectores, señala Santos en el texto, encuentran en las piezas de Francisco Toledo referencias que suelen multiplicarse, reunirse, expandirse en la conciencia.

“Ciertos elementos pueden remitir a Mallarmé, a Paul Válery, lo mismo que la mitología zapoteca o nórdica; los relatos familiares y cotidianos que no dejan de tener aspectos fantásticos o extravagantes y se unen a los cuentos de los indios norteamericanos a las cartas de Nikola Tesla”.

Además de la muestra donde se palpa la influencia de la literatura en la obra de Francisco Toledo, hay una exposición alterna que se encuentra en la Galería Quetzalli, en dicho espacio el espectador puede admirar los últimos autorretratos del artista.

Ambas muestra estará disponibles durante los meses de marzo y abril en la Galería y Bodega Quetzalli en la ciudad de Oaxaca.

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