IDILICA MAGAZINE

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LA CREACIÓN LITERARIA EN OTRA VOZ, LA DE LAS MUJERES.

TEXTO: FÁTIMA JIMENEZ
IMÁGENES: ARCHIVO FONDO VENTURA

EN LA INDUSTRIA EDITORIAL, AL IGUAL QUE EN OTROS ÁMBITOS PROFESIONALES O ESPACIOS DE LA VIDA COTIDIANA, LA DESIGUALDAD EN LA QUE HABITAMOS MILLONES DE MUJERES ES UNA REALIDAD INNEGABLE.

En el contexto de Latinoamérica, es natural que experimentemos más dificultad para hacernos de tiempo para la escritura, gestionar la edición, y publicación de un texto; al igual que es normal que una vez publicados dichos textos, la participación en forma paritaria en cuanto a distribución y difusión también presente dificultades. Un ejercicio rápido para observar este fenómeno de desproporción, puede ser echar una visita rápida a la biblioteca personal o a cualquier librería en la ciudad que habitamos.

Sin embargo, en el último siglo hay diversas voces femeninas que se levantan. En el panorama de las letras mexicanas, por ejemplo, se cuenta con la participación de mujeres trascendentes, tales son los casos de escritoras como Ámparo Dávila, Elena Poniatowska, Margo Glantz, solo por mencionar a tres, quienes han impulsado la conformación de una historia de la literatura mexicana que incluye su obra, y de la que ya es imposible hablar sin traerlas a cuento.

Pero ¿qué seria de la literatura si sus creadores no apostarán por impulsar diferentes esfuerzos para mantenernos visibles de manera fehaciente en las narraciones en las que recrean la realidad de las mujeres?

En meses anteriores, escritoras de varias latitudes de América Latina han impulsado diferentes manifestaciones para la visibilización de su trabajo, exigiendo a la par que los espacios para desarrollar su labor literaria se expandan. Se hacen posible, entonces, más escenarios en los que se nos brinde un foro pertinente y abierto, en donde expongamos nuestras voces y se haga eco del trabajo que realizan día a día mujeres que narran su forma de interpretar el entorno, y que nos inspiran a comprender la realidad de otras y otros.

Con el trabajo de mujeres en la literatura actual y a propósito de la ocasiones en que hemos podido escucharlas en las pasadas ediciones de la Feria Libro en Oaxaca (FILO), nos acercarmos a mujeres e historias que permiten a través de su narrativa, conocer las violencias que vivimos.

Tal el caso de la periodista Lydia Cacho, con su denuncia pública sobre la prostitución infantil en el caribe mexicano; Carmen Aristegui, quien junto a su equipo de periodistas vivió la censura en el sexenio pasado; o de escritora Valeria Luiselli quién da voz a niñas y niños migrantes que ante la violencia parten de sus hogares para poder procurarse un futuro; o de la activista Frida Guerrera quien da cuenta de los múltiples casos de violencia en México, en específico de los cientos de feminicidios ocurridos en diversos puntos del país; o Verónica Gerber que con una mirada artística y multidisciplinaria narra historias personales entrelazadas con reflexiones sobre artes visuales y escritura. Las visiones humanas y empáticas de las especies No Humanas de Isabel Zapata y Tanya Huntington, la aportación poética de la disidencia sexual de Yolanda Segura que aporta una mirada empática con otras formas de habitar nuestros cuerpos.

La llegada de las escritoras como las antes citadas al lugar donde se encuentran hoy no fue fácil. Décadas, cientos de años, pasaron para que fuera posible. Hubo autoras, como Jane Austen, que se vieron obligadas a usar pseudónimos o firmar sus textos con nombres masculinos, a fin de que fueran aceptados y publicados. Más recientemente Joanne K. Rowling fue aconsejada para usar ambiguamente las iniciales J K y evitar la censura por escribir ficción, género literario que históricamente ha sido identificado con los hombres.
Cada escritora nueva, cada libro, artículo o poema publicado es una valiosa contribución en el camino de la equidad, a través de la pluralidad de opiniones y sentires. La industria cultural, especialmente la literaria, tiene una deuda con las mujeres que, a pesar de estar siendo saldada cada vez más, aún tiene mucho qué hacer.

Espacios como el del Premio Internacional de Literatura Aura Estrada, dirigido a escritoras de 18 a 35 años, generan el territorio para impulsar las letras hechas por mujeres, en específico de las voces emergentes que mucho tienen por decir y aportar a la vida en ciernes, tal como la vivimos más de la mitad de la población. Este ejemplo, como muchos otros, representa para las escritoras la primera oportunidad de publicación, cuando en otros lugares encuentran puertas cerradas.

Celebremos pues los espacios que se construyen para dar voz a las mujeres y contribuir con esto a la igualdad de espacios para contar diversas historias.

www.fondoventura.org

LITERARY CREATION IN THE VOICE OF WOMEN.

IN THE PUBLISHING INDUSTRY, AS IN OTHER PROFESSION OR SPACES OF DAILY LIFE, THE INEQUALITY WHICH MILLIONS OF WOMEN LIVE IS AN UNDENIABLE REALITY.

In the context of Latin America, it is natural for us to experience more difficulty in making time for writing, manage the editing, and publish a text; it is normal that once these texts have been published, equality in distribution and dissemination also presents difficulties. A quick exercise to observe this phenomenon of disproportion is to take a quick visit to your personal library or any library in the city we inhabit.

If we review the history of Literature, it seems that fiction storytelling has been the exclusive activity of men, thus fostering a unique vision and interpretation, a masculine one. Therefore, it is not surprising that until recently literature made by women had been relegated to the category of minor, romantic, particular literature and “feminine” themes.

However, in the last century there are various female voices that rise. In the panorama of Mexican writing, for example, there is the participation of transcendent women: the stories and writings of women such as Ámparo Dávila, Elena Poniatowska, Margo Glantz (to choose only three) who have promoted the formation of a story of Mexican literature that includes their work, and about which it is impossible to speak without bringing them to mind.

But what would happen to literature if its creators were not bent on promoting different efforts to keep women visible in a reliable way in the stories which recreate the reality of women?

In previous months, writers from various latitudes in Latin America have promoted the visibility of their work in different ways, always demanding the space to develop their expanded literary work. This makes more scenarios in which we are given a relevant and open forum possible: where our voices are heard and echo the work that is done every day by the women who narrate their way of interpreting the environment, and which inspire us to understand the reality of others.

With the work of women in contemporary literature and on the occasions in which we have been able to listen to them, in the past Oaxaca International Book Fairs (FILO), we approach women and the stories they allow through their narrative, learning about the violence that they live.

Such is the case of the journalist Lydia Cacho, with her public complaint about child prostitution in the Mexican Caribbean; Carmen Aristegui, who along with her team of journalists experienced censorship over the last six years; writer Valeria Luiselli who gives a voice to migrant children who, in the face of violence, leave their homes in order to pursue a future; the activist Frida Guerrera who reports on the multiple cases of violence in Mexico, specifically the hundreds of murders of women that occurred in various parts of the country; or Verónica Gerber who with an artistic and multidisciplinary look tells personal stories intertwined with reflections on visual arts and writing; the human and empathic visions of the Non-Human species of Isabel Zapata and Tanya Huntington; the poetic contribution of Yolanda Segura’s sexual dissidence that provides an empathic look at other ways of inhabiting our bodies.

The arrival of the writers like those mentioned above to the place where they are today was not easy. Decades, hundreds of years, passed in order to make it possible. There were authors, like Jane Austen, who were forced to use pseudonyms or sign their texts with male names, in order for them to accept and publish. More recently Joanne K. Rowling was advised to ambiguously use the initials J K and avoid censorship for writing fiction, a literary genre that has historically been identified with men.

Every new writer, every book, article or poem published by women is a valuable contribution on the road to equity, through the plurality of opinions and feelings. The cultural industry, especially literature, has a debt to women who, despite being increasingly accepted, still have a lot to do.

Spaces such as the Aura Estrada International Literature Prize, aimed at writers aged between 18 and 35, boost writings made by women, specifically emerging voices that have much to say and contribute about how more than half of the population live. This example, like many others, represents writers’ first opportunity for publication, when in other places doors to this are closed.

Let us therefore celebrate the spaces that are built to give women a voice and contribute to equal spaces to tell different stories.

www.fondoventura.org

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