IDILICA MAGAZINE

Oaxaca es un IDILIO, una tierra bella, compleja y diversa.

YO, NOSOTROS

Por Laureana Toledo

Viernes, otra vez.

Otro viernes tomando sana distancia, distancia de todos excepto de nosotros mismos.

Hay más formas de distraernos que nunca antes en la historia, pero no hay forma de evadirnos por completo y, en general, creo que es lo que ha hecho más difícil e interesante este período de aislamiento social: por primera vez en mucho tiempo no hay forma de eludir el importantísimo ejercicio de vernos.

El distanciamiento social no implica no seguir siendo parte de una comunidad: no sólo no dejamos de ser parte de la sociedad, sino que contribuimos a protegerla al aislarnos. No sólo contribuimos de esa sutil manera, sino también siendo conscientes de cómo es que consideramos a nuestras comunidades, si desde nuestra solidaridad o desde nuestra irresponsabilidad; desde nuestra posibilidad o desde nuestro egoísmo.

Todos estamos en esto juntos. No hay un “nosotros” sin un “yo”, pero tampoco hay un “yo” sin un “nosotros” y en cierto modo, el encierro nos muestra nuestras formas de actuar, con uno mismo, con el otro.

La democratización de este nuevo virus, altamente contagioso, hace que las acciones con respecto a la prevención y a los modos de atajar el problema sean distintos que si el fenómeno fuera localizado en poblaciones más fáciles de estigmatizar. De sobra decir que si esto fuera una pandemia que afectara mayormente a grupos demográficos específicos, la forma de abstraerse del asunto hubiera sido la ya habitual forma de ignorar al “otro”, incluso haciéndolo responsable de su contagio.

Hoy tenemos una pandemia que nos infecta a todos por igual, pero que nos afecta de formas muy distintas, dependiendo de nuestras posibilidades y privilegios, a partir de nuestros lujos y carencias, y a diferencia de otras veces, no parece juzgar un estilo de vida o una geografía, pero sí pone en evidencia la gran zanja económica, racial y social que hemos construido.

Desde hace tiempo -y en este país muchísimo más que en otros- la enorme distancia entre la riqueza de los ricos y la miseria de los pobres se alarga. Parece no haber salida y parece ser poco lo que podemos hacer individualmente.

 Imagen hallada en la Rock ‘n’ Roll Public Library
Imágenes halladas en la Rock ‘n’ Roll Public Library

Muchos añoran las viejas formas de normalidad y convivencia, pero creo que sería un desperdicio desaprovechar la oportunidad de cambio que nos puede brindar esta pandemia.

En muchas ocasiones se ha hablado que regresar a la normalidad sería un error, puesto que esa normalidad es justo la que nos ha traído hasta aquí y no puedo estar más de acuerdo, pero vale la pena plantearnos con atención hacia dónde está ese cambio, y cómo podemos, cada uno desde nuestras acciones individuales, hacer algo para contribuir a la construcción de lo comunitario.

Hace falta pensar más en un “nosotros” que en un “yo” individualista. En un “nosotros” que abarque a todos los que durante siglos no hemos visto. Un “yo” que se responsabilice de no salir de casa si puede, no porque no se pueda contagiar individualmente sino porque es capaz de pensar en la comunidad y protegerla.

Un “yo” que no piensa que el tren maya no es asunto suyo por vivir lejos, un “yo” que tiene empatía por la situación y el potencial desastre del otro, y no solamente en el interés propio.

En los discursos de salud en México se ha escuchado mucho acerca del “apoyo mutuo”, frase anarquista que, si no llevara el apellido Kropotkin, a muchos les parecería que el concepto de reciprocidad, de trabajo en equipo y un beneficio mutuo no es un asunto radical, sino la forma en la que podemos salir de una crisis terrible en nuestras estructuras esenciales. El apoyo mutuo es la forma de perder el “yo”, es la forma de sentirnos menos aislados y sentirnos parte de algo que puede desplazar las viejas formas de consumo, de explotación, de participación.

Actuar desde nuestras posibilidades, en solidaridad, actuar desde nuestras acciones diarias. Actuar para uno y para todos, porque estamos en esto juntos, pero a cada quien nos pega de distinta forma. No hay un “yo” sin un “nosotros”.

Podríamos tomar los tiempos presentes con otra perspectiva y no sufrir por estar encerrados, sino darnos cuenta del gran lujo que es estar protegidos. Propongo voltear a ver a ese lado al que casi nunca volteamos, ver a la gente invisible que han probado ser absolutamente necesarias en este momento: a los que cultivan nuestras verduras y no a los grandes intermediarios, a los que cuidan de nuestra salud y no a las grandes farmacéuticas. Es hora de comprar menos comida chatarra, llevar nuestra bolsa al mercado, pagar lo justo a nuestros empleados, no meternos en la fila y entender que este país y este mundo están hecho de varias realidades y tolerarlas, entenderlas, apoyarlas.

Necesitamos entender que la realidad no es solamente la propia, la realidad es de todos y es distinta para cada uno. ¿Qué podemos hacer desde la individualidad para aportar a la comunidad?

Todavía tenemos unas semanas más para observar y pensar a qué mundo queremos regresar.

El poder regresar a una alimentación sana, exigir rentas justas y no abusar de la sobreexplotación inmobiliaria de las ciudades, ver desde una perspectiva que incluya a más productores individuales, contemplar la difícil e interesante idea de no medirnos desde el progreso y el crecimiento, sino a partir de nuestras posibilidades reales y dentro de nuestras comunidades.

Este encierro no es más que una oportunidad para rectificar, para cambiar de rumbo. Sería desastroso no tomarla y añorar lo de siempre.

“Lo de siempre” es lo que nos tiene en este mundo dividido, sobre explotado, capitalizado, individualizado, aislado.

Lo otro,
lo construimos
todos juntos.

LAUREANA TOLEDO

IG @laureanatoledo

LAUREANA TOLEDO (Ixtepec, Oaxaca, 1970)

Artista visual autodidacta cuyo trabajo explora las relaciones entre distintos medios y lenguajes y la asimilación de la cultura popular y nuestros modos de lectura de la misma. Ha expuesto en solitario y de manera colectiva en espacios como Eastside Projects en Birmingham, la Whitechapel Gallery en Londres, el Museo de Arte Moderno de México, y RedCat en Los Angeles, entre muchos otros.  Ha gestado proyectos como curadora y en colaboración con Francis Alys, David Byrne, Lourdes Grobet, y el grupo The Limit, entre otros. Su libro The Limit, publicado por Trolley Books en Londres apareció en verano de 2009. Cofundadora de SOMA, espacio de artistas en 2009. Editora invitada en dos ocasiones de la revista de fotografía Luna Córnea. Actualmente reparte su tiempo entre la ciudad de México y Londres, en donde tuvo una residencia como artista internacional invitada en Gasworks y preparó una pieza en colaboración con el bajista John Taylor. La pieza en colaboración con la colección de Mick Jones se expuso en el Museo Jumex en 2019, y su documental sobre el movimiento punk en el df estará listo en 2020.

Siguiente Publicación

Anterior Publicación

© 2020 IDILICA MAGAZINE

Tema de Anders Norén

A %d blogueros les gusta esto: