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LA CASA GRANDE. LAS ENTRAÑAS DE LOS DESTILADOS.

TEXTO: MARIANA CASTILLO / FOTOGRAFÍA: DALÍ NELIO

Cuando se dice “La Casa Grande” en México las connotaciones son distintas. Para la familia Ángeles Carreño así se le llamaba a la habitación de la abuela Modesta, de Moda, de la matriarca. Varios elementos eran distintivos en este espacio: el baúl con sus rebozos finos, rompope, galletas, dulces Tehuanos, vino de mesa, mezcal y sus santos y vírgenes, entre ellas, la de Juquila. Ahí nació su padre, ahí se alojaba lo más valioso.

Graciela Ángeles de Real Minero decidió abrir una tienda con este icónico nombre, gracias a la iniciativa de una amiga suya, y este es un lugar privilegiado para los destilados mexicanos, esos que no se parecen a otros y que tienen historias de legados en diferentes estados de la república, que buscan su propio camino y su discurso ante la creciente industrialización y las modas. La Casa Grande aloja memorias y compromiso.

Todo comenzó con la idea de que se vendieran solo mezcales o marcas de mujeres, pero todo viró a que la curaduría incluyera mezcales, sotoles, raicillas, bacanoras, charandas y hasta comitecos próximamente.

Ella conoce bien la dificultad de abrirse un espacio ante la desinformación, pues existen mezcales como el de su estirpe, con varias generaciones atrás de legado antes del boom, en diferentes estados como Michoacán, Jalisco, Chihuahua y otros.

En realidad, Graciela se identifica con quienes conocen los agaves de su región, los procesos locales y sobre todo, con quienes están empapados e inmersos en la cultura mezcalera. Algunos consumidores meten “en la misma canasta” a todos los destilados y hay que tener un criterio formado para decidir mejor. Mezonte, Caballito Cerrero, Arette, Tequila Ocho, Cascahuín, Chacolo, Sol Tarasco y más son algunas de las etiquetas que hallarás.

Y es que hoy en día cualquiera piensa que es fácil hablar de destilados, que si el “besito”, que si el mezcalier, que si los míticos maestros, que si el santo grial… La realidad es que pocos lo hacen desde el saber, la investigación, la ética, la calidad y el vivirlo diario. La idea de La Casa Grande, ubicada al interior de Casa Murguía, no es vender botellas sino generar conocimiento: no se puede amar lo que no se conoce y el objetivo primordial es que la gente pueda apreciar las diferencias entre estos destilados y los demás, así que las catas y las capacitaciones son parte de sus servicios.

Nada de lo que verás en sus anaqueles es ajeno. Además, Graciela y su equipo se han esforzado por conocer a quienes los elaboran porque aquí no se comercializan marcas sino que se venden y se dan degustaciones de proyectos con una raíz, con un sentido importante en su región.

Ir a La Casa Grande es acercarte a conocer a través del paladar y la charla otros mundos del agave, en una barra que diseñó Jesús Ortiz y que le hace un homenaje al barro de San Bartolo Coyotepec. Quien se encuentre ese día ahí será tu guía, ya sea para elegir la botella que compartirás o regalarás para probar esos espíritus que te hablan de la planta, de su entorno y sobre todo, de las personas que saben que el mezcal es entraña e infinito.

Calle Murguía 102, colonia Centro
Horarios: 12:00 a 19:00 horas
Costo de las catas: de $300 a $600 pesos, dependiendo los destilados a probar.
Reservas a: (55) 8806 4601
Facebook: lacasagrandedestilados
Instagram: @lacasagrandedestilados

When you say “La Casa Grande” in Mexico the connections are different. For the Ángeles Carreño family, this was the name of fashionable Grandma Modesta’s, the matriarch’s, room. Several elements were distinctive in this space: the trunk with its fine rebozos, eggnog, cookies, Tehuan sweets, table wine, mezcal and her saints and virgins, among them, that of Juquila. That’s where her father was, there was where the most valuable things were.

Graciela Ángeles de Real Minero will to open a store with this iconic name, thanks to the initiative of a friend of hrs. This is a privileged place for Mexican distillates, those which do not resemble others and have legacies from different states of the republic, who are looking for their own path and their discourse in the face of increasing industrialization and fashion. La Casa Grande hosts memories and commitment.

It all started with the idea that only mezcal or brands owned by women would be sold, but the curatorship decided to include mezcal, sotoles, raicillas, bacanoras, charandas and even comitecos soon. She well understands the difficulty of opening a space in the face of disinformation, since there are mezcals like her own, with several generations behind their legacy before the boom, in different states such as Michoacán, Jalisco, Chihuahua and others.

In fact, Graciela identifies with those who know the agaves of her region, the local processes and above all, with those who are soaked and immersed in the mezcal culture. Some consumers put all distillates “in the same basket” and have to have a criterion formed to decide better. Mezonte, Caballito Cerrero, Arette, Tequila Ocho, Cascahuín, Chacolo, Sol Tarasco and more are some of the labels you will find.

Today everyone thinks that it is easy to talk about distillates, if the “kiss”, if the mezcalier, if the mythical masters, if the holy grail … The reality is that few do it from the point of view of knowledge, research, ethics, quality and daily living. The idea of ​​La Casa Grande, located inside Casa Murguía, is not to sell bottles but to generate knowledge: you cannot love what is not known and the main objective is that people can understand the differences between these distillates and others, so training is part of their service.

Nothing you will see on your shelves is foreign. In addition, Graciela and her team have made an effort to meet those who produce these brands because they are not marketed here but they are sold and tastings of projects that have roots, an important sense in their region.

Going to La Casa Grande is to get to know through the palate and talk other worlds of the agave, in a bar designed by Jesus Ortiz, that pays homage to the mud of San Bartolo Coyotepec. The person that is there that day will be your guide, either to choose the bottle that you will share or to give you to try those spirits that tell you about the plant, its surroundings and above all, of the people who know that mezcal is intimate and infinite.

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